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Los latinos merecen la libertad de trabajar en el ámbito que elijan

24 de marzo de 2026

Kevin García-Galindo, colaborador en materia de políticas de LIBRE

La historia de los inmigrantes estadounidenses adopta innumerables formas, pero casi todas las historias de éxito comparten un denominador común: alguien fue capaz de convertir el esfuerzo y el talento en un medio de vida digno y, con el tiempo, ese modesto comienzo se transformó en logros que nadie hubiera podido imaginar al principio.

¿Qué pasa con esos sueños, sin embargo, cuando el Gobierno dice que necesitas su permiso para empezar a trabajar?

La respuesta es que muchas personas deciden no perseguir sus sueños empresariales.

Imagina cómo habrían sido todos los siguientes ejemplos si el gobierno les hubiera exigido pasar por un engorroso proceso de obtención de licencias para empezar a trabajar. Una manicurista o un peluquero que pasa de alquilar un espacio en el local de otra persona a abrir su propio negocio y, con el tiempo, expandirse a varios locales; un camarero que aprende el arte de la coctelería en el trabajo y más tarde abre su propio bar; y un futuro restaurador que perfecciona las antiguas recetas familiares mientras trabaja en una cocina fantasma hasta que, finalmente, puede abrir su propio local en la calle principal.

Por qué los latinos se ven especialmente afectados por la concesión innecesaria de licencias

Para los inmigrantes latinos, este tipo de historias son fundamentales. Los latinos están representados de manera desproporcionada en profesiones prácticas y orientadas al servicio, exactamente como todas las ocupaciones mencionadas anteriormente y, lamentablemente, en muchos de los tipos de trabajos en los que a menudo se exigen licencias profesionales —requisitos gubernamentales como formación obligatoria, tasas y otras condiciones para ejercer legalmente una profesión—.

A pesar de esta sobrerrepresentación en estos sectores, los trabajadores latinos siguen teniendo aproximadamente la mitad de probabilidades de obtener una licencia que los trabajadores blancos, asiáticos, negros e indígenas estadounidenses, según un estudio del Banco de la Reserva Federal de Minneapolis.

Para los inmigrantes que quizá no dominen el inglés o no estén muy familiarizados con el sistema de licencias profesionales, esto puede suponer un gran obstáculo para alcanzar sus sueños. Aproximadamente más de dos millones de inmigrantes altamente cualificados en Estados Unidos se encuentran actualmente subempleados, muchos de ellos precisamente por carecer de una licencia profesional.

Sin embargo, no tiene por qué ser así. En la era moderna, los consumidores tienden mucho menos a basarse en las licencias como indicador de calidad y reputación, y en su lugar tienen en cuenta otras características, como las valoraciones, los precios y el boca a boca, a la hora de decidir en quién confían. Tal y como demuestran los estudios, las licencias suelen contribuir poco a mejorar la calidad, pero sí restringen el acceso al mercado y aumentan los costes.

Formas de reformar el sistema de licencias profesionales

Afortunadamente, existen reformas totalmente sensatas que los estados pueden adoptar para ayudar a todos los estadounidenses a desarrollar sus propios talentos. Entre ellas se incluyen:

  • Revisiones y revocaciones de licencias: Reducir y eliminar directamente las barreras normativas que no aportan beneficios importantes para la salud y la seguridad, al tiempo que limitan el acceso de los futuros trabajadores a oportunidades profesionales valiosas y el de los futuros consumidores a los servicios.
  • Herramientas alternativas de protección del consumidor: Permitir otras formas de protección del consumidor, como las inspecciones, las fianzas y la certificación privada. Estas medidas contribuirán a mejorar la rendición de cuentas y la protección del público sin impedir el acceso a las profesiones a personas ambiciosas y con talento.
  • Legislación centrada en el derecho a ganarse la vida: garantizar que las regulaciones se basen en preocupaciones reales en materia de salud y seguridad, y no en proteccionismo económico. Dejar que los consumidores decidan quién les presta los servicios, eliminando la intervención excesiva del gobierno.
  • Reconocimiento universal de licencias: Permitir que los trabajadores que se desplazan entre estados puedan continuar con su carrera profesional sin necesidad de formaciones ni tasas innecesarias, basándose incluso en su experiencia sin necesidad de credenciales oficiales de licencia cuando proceden de estados que no tienen los mismos requisitos de licencia. Ya son 28 los estados —y la cifra sigue aumentando— que han promulgado reformas de este tipo, lo que contribuye a poner de relieve la necesidad de reducir también las barreras internas en materia de licencias dentro de los propios estados.

En conjunto, estas reformas nos acercan a la recuperación de la libertad de los trabajadores para ofrecer sus servicios y de los consumidores para elegirlos, sin interferencias gubernamentales innecesarias. Con el paso del tiempo, las leyes de regulación profesional se han convertido en uno de los principales obstáculos para la movilidad económica, ya que hacen subir los precios, limitan las oportunidades laborales y frenan la innovación. Ya es hora de que pongamos fin a esta situación de una vez por todas.