Controles de precios: El falso remedio contra la inflación
9 de octubre de 2024
Cuando los precios son altos y la gente lucha por llegar a fin de mes, siempre hay políticos que prometen hacer tu vida más económica con controles de precios.
Pero se equivocan.
Como hemos visto en lugares como Argentina y Venezuela, los controles de precios impuestos por el gobierno sólo traen colas para comprar comida, anaqueles vacíos e inflación astronómica. De hecho, muchos latinos en América han huido de países destrozados por las consecuencias de los controles de precios.
Sus historias muestran que los controles de precios no contribuyen a hacer la vida más asequible y nos recuerdan por qué no podemos creer en los políticos que prometen acabar con la inflación de un plumazo.
El fracaso de los controles de precios: La teoría
Los economistas suelen estar de acuerdo en muy pocas cosas, pero si hay algo en lo que la mayoría está de acuerdo es en que los controles de precios son una mala idea.
A pesar de lo que digan algunos políticos, los precios no los dictan un grupo deempresarios codiciosos. Los determinan las interacciones cotidianas de millones de consumidores y productores, es decir, el mercado.
Los precios dependen de cuánta gente quiere comprar algo (demanda) y cuántos bienes hay en el mercado (oferta). Si la demanda es mayor que la oferta, los precios subirán; si es menor, los precios bajarán.
Un precio es una señal. Proporciona información a consumidores y productores sobre qué bienes escasean o abundan.

Ese es el peligro de los controles de precios.
Perturban este delicado proceso, ya que el precio gubernamental es un precio artificial que no refleja el mercado real. Como los precios públicos suelen ser inferiores al valor real, las empresas simplemente producirán menos, generando escasez.
Piense en los precios como la pizarra en un partido de béisbol: los números no cambian el resultado del partido, sólo muestran lo que ocurre en el campo. Imponer un control de precio sería como hacer una norma que limitara el número de carreras que puede anotar un equipo. Una vez que el equipo alcanza ese límite, ya no tiene sentido que siga jugando.
En este caso, sin embargo, no es un equipo de béisbol el que está pagando el precio, sino millones de personas trabajadoras que sufren racionamiento y una inflación galopante.
Esa es la teoría.
Sin embargo, si se quiere saber si la teoría es correcta, hay que mirar al mundo real.
Controles de precios, un historial probado de fracasos
Afortunadamente - o lamentablemente para quienes lo han vivido - la historia tiene muchos ejemplos de control de precios que acaban en catástrofe económica.
Podemos fijarnos en la historia reciente de América Latina.
Durante décadas, América Latina ha sido terreno fértil para controles de precios que han arruinado el sustento de millones de personas, muchas de las cuales llegaron a América en busca de estabilidad, prosperidad y libertad económica.
En la década de 2010, Hugo Chávez y Nicolás Maduro emprendieron una guerra feroz contra la libre empresa en Venezuela, decretando precios irreales y persiguiendo a cualquier empresa que no cumpliera con el el precio gubernamental.
¿Cuál fue el resultado? Los venezolanos sufrieron largas colas para comprar comida e hiperinflación, con un aumento de los precios de más del 130.000% en un año.

Venezuela no fue el único país que sufrió los controles de precios.
Hace menos de tres años, el gobierno argentino también decidió luchar contra la inflación y la crisis económica fijando el precio de 1.432 productos. Esta decisión apenas sirvió para frenar la inflación y no hizo sino agravar la grave crisis económica de la tercera economía de América Latina.
Los controles de precios no se limitan a América Latina.
En la década de 1970, Estados Unidos también se enfrentaba a una inflación galopante y al malestar económico, por lo que el entonces presidente Richard Nixon impuso una congelación de precios de 90 días en un intento desesperado y poco acertado de resolver el problema. Incluso después de que pasaran los 90 días, el gobierno siguió controlando los precios de algunos productos clave, como la gasolina.
Aunque políticamente populares en su momento, los controles de precios de Nixon eran una mala idea.

En 1973 los precios del petróleo se dispararon y los controles de precios dejaron a las gasolineras sin suficiente gasolina. Para el otoño de 1973 y la primavera de 1974 los carros hacían largas colas para llenar sus tanques, una escena que tristemente se convirtió en algo habitual durante el resto de la década, durante las Administraciones Ford y Carter.
Hubo que esperar hasta la década de 1980 y una mayor desregulación de la economía para que Estados Unidos volviera al camino correcto.
Tanto la teoría económica como la historia demuestran que los controles de precios no funcionan, ya sea en Argentina o en Estados Unidos.
La próxima vez que oigas a los políticos prometer que acabarán mágicamente con la inflación mediante el control gubernamental. No les creas; están totalmente equivocados.


