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Trabajo con el Congreso. Un gobierno grande no es la solución.

10 de marzo de 2026

*Blog escrito por Helder Toste, director de Asuntos Gubernamentales de The LIBRE Initiative*

En su primer discurso como alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani dijo que deberíamos «sustituir la frialdad del individualismo radical y abrazar la calidez del colectivismo»; en otras palabras, darle más poder al Estado.

Como alguien que ha trabajado años con el Congreso, puedo decirles con total seguridad que Mamdani está equivocado. Muy equivocado.

Sé cómo funciona nuestro gobierno. He visto cómo se redactan los proyectos de ley, he pasado largas noches esperando los votos de la Cámara y he dedicado más tiempo del que es médicamente recomendable leyendo proyectos de ley de mil páginas.

Y sé esto: darle más poder al gobierno federal no arreglará lo que está mal.

[Hace poco hablé con Izzy Ortega sobre esto en el podcast Red, White, & Latino].

¿Por qué la gente cree que la solución es un «gran gobierno»?

La gente se frustra cuando el alquiler sigue subiendo, cuando llega una factura médica inesperada o cuando los precios de los alimentos siguen aumentando.

Es normal ver lo caro que se ha vuelto todo y pensar: «Alguien debería hacer algo al respecto».

Por lo general, ese «alguien» es el gobierno federal, lo que casi siempre termina en más organismos, más regulaciones y mucho más gasto.

En la práctica, esa estrategia casi nunca funciona.

Por qué un gobierno grande no es la solución

Aquí hay tres razones por las que crear nuevos programas gubernamentales no es realmente la solución.

1. El gobierno es demasiado lento y burocrático.

Lo primero que aprendes cuando trabajas en Washington D. C. es que el Estado se mueve lento. Muy lento.

Cada vez que se crea un nuevo programa gubernamental, este viene con una serie de revisiones, permisos,  regulaciones, obstáculos procedimentales, negociaciones políticas y, a menudo, demandas.

Usualmente, en vez de solucionar un problema, los programas terminan creando más atascos y burocracia.

2. Malos incentivos y consecuencias inesperadas

Puede que hayan buenas intenciones detrás de estos programas, pero siempre hay consecuencias inesperadas de estos programas

Por ejemplo, la ampliación de Medicaid. En un esfuerzo por aumentar la cobertura del seguro, en muchos estados se amplió la elegibilidad para incluir a adultos sin hijos a cargo, con bajos ingresos y sin discapacidades.

Esto significaba que los estados recibían dinero por inscribir a más personas: cuantas más personas inscribían, más dinero.

¿Qué ocurrió? Las inscripciones se dispararon. En algunos lugares, se insicribió a gente inelegible, se debilitó la supervisión y se hizo más difícil prevenir el fraude. Cuando las fórmulas de financiación del gobierno premian el crecimiento, los programas crecen y siguen creciendo mientras se mantengan los incentivos.

Los programas no se reducen por sí solos, y nunca he visto a una burocracia votar a favor de su propia desaparición.

3. Washington no conoce tu vida.

Por último, el gobierno no puede arreglar completamente nuestras vidas.

La burocracia federal está aislada en Washington D. C. y redacta reglas para más de 330 millones de personas a la vez. Es imposible que conozca los detalles del presupuesto de tu hogar, tus necesidades médicas, el inventario de tu pequeña empresa o los problemas de tu comunidad.

Las mejores soluciones vienen de las personas más cercanas al problema.

El gobierno tiene un papel importante que desempeñar en la sociedad, pero ese papel no consiste en gestionar todos los aspectos de nuestras vidas.

Las verdaderas soluciones

Entonces, si más gobierno no es la respuesta, ¿cuál es?

En la economía, necesitamos menos Estado y normas más predecibles. Impuestos bajos y regulaciones sencillas son clave para que las familias y las pequeñas empresas puedan planificar, contratar y crecer.

En materia de salud, quienes deben tomar las decisiones son los pacientes y los médicos, no los burócratas de Washington. Ampliar la telesalud, mejorar el acceso lingüístico y dar más control a los pacientes mejoraría la atención a las familias de todo el país.

En materia de energía, la regulación excesiva está haciendo nuestra vida más cara. Los proyectos tardan años en aprobarse, el suministro sigue siendo escaso y los precios se mantienen altos. Las familias lo notan cada mes en sus facturas de servicios públicos.

En materia de inmigración, necesitamos tanto una frontera segura como un sistema de inmigración que funcione. En este momento, nuestro sistema defectuoso deja pasar a personas buenas, perjudica nuestra economía y frena el progreso de Estados Unidos.

El verdadero papel del gobierno

El gobierno tiene un papel en la sociedad. He trabajado en él y he visto que funciona muy bien cuando se limita a hacer su trabajo: mantener la seguridad de Estados Unidos, hacer cumplir nuestras leyes de manera equitativa y proteger nuestros derechos más básicos.

Pero también he visto lo mal que le va a Washington cuando decide que sabe mejor que tú cómo debes vivir tu vida.

Nuestros fundadores no lucharon en una revolución para crear una burocracia más grande. Y mis padres, como millones de inmigrantes latinos, no vinieron aquí buscando un gobierno que dirigiera sus vidas.

Vinieron en busca de libertad y más oportunidades. Vinieron atraídos por las ideas que hacen que nuestro país sea excepcional.

Por eso trabajo con The LIBRE Initiative.

Desde 2011, hemos luchado por mantener vivos los principios y las ideas que hicieron excepcional a Estados Unidos. Hemos defendido políticas que alejan el poder de Washington y lo devuelven al pueblo estadounidense.

Recientemente, lanzamos la campaña One Small Step (un pasito) para ayudar a preservar los principios que mantienen la libertad en Estados Unidos.

Ideas como el gobierno limitado, la dignidad, el estado de derecho, las oportunidades, el deber cívico y la libertad son tan relevantes hoy como lo eran hace 250 años.

Depende de nosotros, no del gobierno federal, preservar estos valores para las generaciones venideras.

Únete al movimiento. Da un pequeño paso, un pasito, con LIBRE para mantener a Estados Unidos libre y próspero.